Hace más de un mes que no escribo nada en este blog. Una de las razones principales es que no tenía y tengo ganas, pero habrá que sacarlas de algún sitio.
Estoy en Barajas y me acaban de recordar que no deje mis cosas desatendidas, por lo que pueda pasar. Irónicamente tengo más miedo a que ellos me pierdan la maleta en el laberinto de cintas y lectores de código de barras que se esconden en las entrañas de este aeropuerto a que cualquiera se lleve la maleta más fea del mundo, pero a la que guardo un especial cariño porque la compre en Brno, en el puestecillo del asiático que me dijo rebe, que lo tenia todo muy “barato”.
Si me la usurpan (cómo me gusta esta palabra), se llevarán una alegría al abrirla; jamón ibérico, queso de oveja, unas lentejas, albariño e infinidad de productos Mercadona, un trocito de España en la maleta. Viva Deliplus!
El Desánimo es lo que me quita las ganas. No quiero estar en Estonia, no me gusta, no encuentro un ápice de aliciente al país que me invite a querer quedarme.¿cómo es esto posible? Pues lo es por mucho que sorprenda a algunos. La valiente (eso me lo dice mi madre) , la viajera, la europea, la que se va a un país más raro que el anterior, “La Viky” en resumidas cuentas tiene más ganas de quedarse en su casita que de andar danzando por ahí.
¿Por qué pedí la beca entonces? He ahí la cuestión y la motivación (va por tí irene). La motivación de esta decisión no fue la correcta y ahora estoy pagando las consecuencias. Me vine porque quería trabajar y en España pues como que las cosas no están para tirar cohetes, no nos engañemos, vi seis meses de trabajo en vez de tres y el vacío, la pedí, y la acepté una vez seleccionada. Sinceramente, jamás pensé que me la iban a dar. Era casi imposible, pero como el No ya lo tenía, pues por pedir que no sea. Monumental cagada.
Recuerdo perfectamente el momento en el que la chica de la beca Faro me llamó para hacerme unas preguntas. Era lunes, 24 de Mayo. Apenas había dormido esa noche, y NO era por la beca, (llega el momento friky del post) Era por Perdidos, el final de la serie, no pude verlo en directo, así que me levanté a las 8 y tome prestado el episodio, y a las 8y30 ya estaba con mi super café y mi mantita viéndolo.
Sonó el teléfono cuando estaba llorando a moco tendido (momento Juliett y Sawyer). Mi mente estaba en la serie, pero recuerdo que estas palabras resonaron y cayeron como una losa en mi cabeza: La incorporación, si te la dan, tendría que ser antes del 1 de Julio. Puff... no recuerdo ni lo que la dije. No tuve tiempo para pensarlo.
Si esto fue un lunes, el Jueves un grupo de comíos nos fuimos a ver a Usain Bolt a Ostrava y fue cuando lo supe: Ale, para Estonia. Otro momentazo para el recuerdo: en un tranvía de Ostrava, camino a la estación de trenes y tras el diluvio universal en versión checa, una loca saltaba de alegría, lloraba y se agarraba a Seome.
Dos meses de una escena a otra: Llorar de alegría por irme, llorar por tener que quedarme y no querer.
Ahora, tras estos días en España por la operación de mi padre, la cuestión es: quedarme o no quedarme. 4 meses por delante, y estoy pensando en el quinto (y en cosas que me he olvidado en mi casa).
No puedo prometer quedarme, pero si prometo intentarlo. Al fin y al cabo, tampoco pierdo nada. ¿O si?
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